Prescripción saludable de medicamentos en tiempos de crisis


 
Vivimos época de crisis, recortes, baja de mo­ral e incertidumbre sobre el futuro profesional, personal y sobre el futuro del sistema de salud. La crisis económica determina que el estado disponga de menos recursos, también para el sistema de salud. Para paliar la situación se pueden hacer dos cosas: o bien se incrementan los ingresos o bien se reduce el gasto.
 
Así comenzaba el Butlletí groc de hace unos meses, dónde se preguntaban si un uso más saludable y prudente de los medicamentos pue­de producir ahorros y así evitar o minimizar los recortes en otros capítulos, como personal y ciertas prestaciones asistenciales.
 
La selección de un medicamento no es un ejercicio de austeridad, sino de inteligencia clínica, porque disponer de un número limitado de medicamentos, seleccionados a partir de los problemas clínicos y buscando su mejor alternativa terapéutica posible en términos de eficacia, seguridad, comodidad y coste, permite concentrar el conocimiento, la formación continuada y la investigación y la evaluación de la experiencia clínica en los problemas de la práctica clínica y en los medicamentos recomendados para su tratamiento.
 
No debe confundirse novedad comercial con mejora terapéutica para los pacientes, ya que las meras innovaciones comerciales, basadas sobre todo en nuevos fármacos  ”yo también” (por ej., esomeprazol, escitalopram, dexketoprofeno), nuevas formulaciones farmacéuticas (por ej., de liberación retardada), presentaciones, cambios de vía de administración (por ej., parches cutáneos) y combinaciones a dosis fijas (por ej., alendronato con vitamina D), sobrecargan considerablemente la factura de medicamentos del sistema de salud, sin añadir ventajas demostrables.
 
Pero, sobre todo, quien juega un papel fundamental de regulación es la administración, por lo que las autoridades sanitarias deben crear un contexto adecuado para la prescripción saludable:
  
• El sistema de salud tiene que seleccionar los medicamentos más idóneos con procedimientos públicos y transparentes.

• Los precios de los nuevos medicamentos y su financiación a cargo del SNS deberían tener relación con su valor terapéutico.
 
• La promoción comercial en los centros del sistema de salud tendría que estar prohibida. Sus contenidos fuera del sistema de salud deberían estar sometidos a un control estricto.
 
• La industria farmacéutica no tendría que organizar ni realizar actividades de formación continuada de los profesionales. En todo caso, la formación ofrecida por la industria no debería estar acreditada.
 
• El SNS debería contar con un sistema propio de información sobre medicamentos y terapéutica. El conjunto del SNS y cada uno de sus centros deberían comprobar y evaluar de manera continuada y sistemática los resultados obtenidos con los medicamentos, en términos de efectos beneficiosos y efectos indeseados.
 
Hay muchas posibilidades y oportunidades para mejorar el uso de medicamentos en el SNS, de manera que la mejora de la calidad y la atención a las necesidades de los pacientes no implique un aumento de los costes, sino al contrario. Pero para que así sea, hay que impulsar decididamente medidas sin interferencias comerciales….. ni políticas
 
¡¡¡¡¡AHORA O NUNCA!!!!