La AEMPS acaba de publicar unas recomendaciones a los profesionales sanitarios al cuidado de los enfermos, en particular con enfermedades crónicas, en caso de ola de calor.
El conocimiento del conjunto de factores de riesgo (tabla 1), incluido el tratamiento farmacológico que se esté siguiendo, permitirá proponer las medidas de prevención y seguimiento en caso de ola de calor, para limitar los riesgos de aparición del síndrome de agotamiento–deshidratación o de golpe de calor en pacientes vulnerables y con tratamiento farmacológico.
Desde el punto de vista teórico y sobre la base de sus mecanismos de acción (propiedades farmacodinámicas y perfil farmacocinético), algunos medicamentos deben ser considerados durante el análisis de los factores de riesgo en los sujetos susceptibles de una menor adaptación al calor:
1. Medicamentos susceptibles de agravar el síndrome de agotamiento-deshidratación y el golpe de calor son:
1.1 Medicamentos que provocan alteraciones de la hidratación y electrolíticos:
- Diuréticos, en particular los del asa (furosemida, torasemida, etc).
1.2 Medicamentos susceptibles de alterar la función renal:
- Todos los antinflamatorios no esteroideos (AINE) incluidos los AINE clásicos o «convencionales», los salicilatos a dosis superiores a 500 mg/día y los inhibidores selectivos de COX-2 (celecoxib, etoricoxib, etc).
- Inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA: captopril, enalapril, etc).
- Antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA II: losartan, irbesartan, candesartan, etc).
- Algunos antibióticos (principalmente las sulfamidas).
- Algunos antivirales (principalmente indinavir).
- Inhibidores de la renina (aliskireno).
- Antagonistas de la aldosterona (espironolactona, eplerenona).
- En general, todos los medicamentos conocidos por su nefrotoxicidad (p.ej., aminoglucósidos, ciclosporina, tacrólimus, productos de contraste yodado, etc).
1.3 Medicamentos que tienen un perfil cinético que puede ser alterado por la deshidratación (por modificación de su distribución o de su eliminación):
- Sales de litio (carbonato de litio).
- Antiarrítmicos.
- Digoxina.
- Antiepilépticos (topiramato, etc).
- Algunos antidiabéticos orales (biguanidas y sulfamidas hipoglucemiantes).
- Hipocolesterolemiantes (estatinas y fibratos).
1.4 Medicamentos que pueden impedir la pérdida calórica del organismo por una acción a diferentes niveles:
a.- Medicamentos que pueden alterar la termorregulación central: neurolépticos y serotoninérgicos (antidepresivos imipramínicos, antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina-IRSR-, triptanos, ciertos opiáceos como dextrometorfano y tramadol).
b.- Medicamentos que pueden alterar la termorregulación periférica:
• Medicamentos con propiedades anticolinérgicas, por la limitación de la sudoración, principalmente:
Ø Antidepresivos tricíclicos (amitriptilina, imipramina, clomipramina, etc).
Ø Antihistamínicos H1 de primera generación (alimemazina, difenhidramina, dexclorfeniramina, etc).
Ø Algunos antiparkinsonianos (trihexifenidilo, prociclidina, biperideno).
Ø Algunos antiespasmódicos (mebeverina, trimebutina, otilonio, etc), en particular los que actúan a nivel urinario (oxibutinina, tolterodina, trospio, etc).
Ø Neurolépticos, incluidos los antipsicóticos atípicos (haloperidol, trifluoperazina, clozapina, olanzapina, risperidona, quetiapina, clotiapina, amisulprida, etc).
Ø Disopiramida (anti-arrítmico).
Ø Pizotifeno (antimigrañoso).
Ø Algunos broncodilatadores (tiotropio, ipratropio,…).
Ø Atropina y derivados.
Ø Nefopam.
• Vasoconstrictores periféricos por la limitación de la respuesta vasodilatadora:
Agonistas y aminas simpaticomiméticas utilizados:
Ø en el tratamiento de la congestión nasal por vía sistémica (pseudoefedrina, efedrina, fenilefrina, fenilpropanolamina, etc).
Ø en el tratamiento de la hipotensión ortostática (etilefrina, heptaminol, etc).
Algunos antimigrañosos (triptanes y derivados del cornezuelo de centeno, como ergotamina).
• Medicamentos que pueden limitar el aumento del gasto cardíaco como reacción a un aumento del gasto sanguíneo cutáneo:
Ø por depleción: los diuréticos (tiazidas, furosemida, etc).
Ø por depresión del miocardio: los beta-bloqueadores (propranolol, metoprolol, etc).
c.- Hormonas tiroideas por aumento del metabolismo basal, induciendo la producción endógena de calor (levotiroxina, liotironina).
2. Medicamentos que pueden inducir una hipertermia. Son bien conocidas dos situaciones que favorecen los desequilibrios térmicos, bien sea en condiciones normales de temperatura, bien en período de canícula. Por esta razón, la utilización de los siguientes medicamentos debe ser incorporada al análisis de factores de riesgo, aunque no hayan sido considerados como factores desencadenantes del golpe de calor en caso de ola de calor:
• El síndrome neuroléptico maligno: que pueden inducir todos los neurolépticos o antipsicóticos.
• El síndrome serotoninérgico: los agonistas serotoninérgicos y similares son en particular los inhibidores de recaptación de serotonina (fluoxetina, paroxetina, sertralina, etc), así como otros antidepresivos (los tricíclicos, los inhibidores de la mono-amino-oxidasa –IMAO-, la venlafaxina), los triptanes y la buspirona. El riesgo de síndrome serotoninérgico está ligado a menudo a la asociación de estos medicamentos.
3. Medicamentos que pueden agravar indirectamente los efectos del calor
• Los que pueden bajar la presión arterial y por consiguiente inducir una hipoperfusión de ciertos órganos (SNC), especialmente todos los medicamentos antihipertensivos y los antianginosos.
• Todos los medicamentos que actúan sobre el estado de vigilia, pudiendo alterar las facultades de defenderse contra el calor.
RECOMENDACIONES A LOS PROFESIONALES DE LA SALUD:
En caso de ola de calor, las medidas preventivas más importantes y más inmediatas a poner en práctica se basan en la vigilancia del estado general de los pacientes en el aspecto clínico y biológico, teniendo en cuenta el conjunto de factores de riesgo, y el control del conjunto de medidas higiénico-dietéticas, especialmente ambiente fresco, aireación e hidratación.
En ningún caso está justificado considerar, en principio y sistemáticamente, la disminución o la suspensión de los medicamentos que pueden interaccionar con la adaptación del organismo al calor.
Es necesario proceder a una evaluación clínica del estado de hidratación de las personas con riesgo antes de tomar cada decisión terapéutica: evaluación de aportes hídricos, control de peso, frecuencia cardiaca y tensión arterial, y balance de ionograma completo y creatinina, incluyendo la evaluación del aclaramiento de creatinina mediante la fórmula Cockroft y Gault.
En caso de ola de calor, se recomienda a los profesionales de la salud que deban atender a los pacientes que presenten factores de riesgo:
- Revisar la lista de medicamentos que toma el paciente, bien sean de prescripción o de automedicación.
- Identificar los medicamentos que pueden alterar la adaptación del organismo al calor
- Reevaluar la necesidad de cada uno de los medicamentos en términos de beneficio-riesgo individual y suprimir los inadecuados y no indispensables, teniendo en cuenta la patología tratada, el estado del enfermo, el riesgo de síndrome de retirada y los efectos indeseables; especialmente prestar mucha atención, en las personas de edad avanzada, a la asociación de medicamentos neurotóxicos.
- Evitar la prescripción de antinflamatorios no esteroideos, especialmente nefrotóxicos en caso de deshidratación.
- En caso de fiebre, evitar la prescripción de paracetamol por su ineficacia para tratar el golpe de calor y por una posible agravación de la afectación hepática, a menudo presente.
- Recomendar a los pacientes que no tomen ningún medicamento sin consejo médico, incluidos los de dispensación sin receta.