El copago y resultados en salud. Estudio con medicamentos en prevención secundaria tras infarto de miocardio.

copagoResumimos el estudio de Niteesh K. et al, publicado en el NEJM, en el que se analiza el impacto sobre los resultados en salud cuando ciertos medicamentos, habitualmente cubiertos de forma parcial por diversas aseguradoras de EEUU, pasan a financiarse integramente.
 
Es decir, que pasa si el paciente paga o deja de pagar los medicamentos que se le prescriben, tras haber sufrido un infarto de miocardio: ¿sufre menos eventos vasculares o revascularizaciones? ¿mejora su adherencia terapéutica?, ¿los costes sanitarios totales varían?  Preguntas muy apropiadas en estos tiempos de crisis, pese a las enormes diferencias organizativas y de financiación entre EEUU y nuestro sistema sanitario.
 
El estudio en cuestión (MI FREEE= Post-Myocardial Infarction Free Rx Event and Economic Evaluation), se trata de un estudio aleatorizado grupal controlado. Entre los criterios de inclusión, haber sufrido un infarto de miocardio reciente, y estar cubierto por la aseguradora de Aetna, aseguradora de unas 500 compañías de más de 3.000 empleados, con larga trayectoria en EEUU.
 
Aetna patrocinaba la financiación integra a los pacientes de uno de los grupos de estudio (n= 2.845 pacientes), mientras que el grupo control (n= 3.010) mantenía su sistema de financiación habitual con la misma compañía (copago de medicamentos, también conocido como coaseguramiento o “cost-sharing”). Los medicamentos en cuestión eran  estatinas, betabloqueantes, IECAs o ARA-2. Se excluían a aquellos usuarios que ya tenían la cobertura integra, y a los pacientes de 65 años o más, puesto que Medicare pasa a ser el asegurador principal de estos pacientes en EEUU. El seguimiento de estos pacientes fue de media de unos 394 días.
 
Resultados:

No hubieron diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos en la variable principal del estudio, la cual medía la tasa de primeros ingresos por eventos vasculares mayores (infarto agudo de miocardio fatal o no fatal, angina inestable, ACV o fallo cardíaco congestivo) o revascularización coronaria (bypass coronario, stend o angioplastia).(HR= 0,93; IC 95% 0,82-1,04; p=0,21). Tras ajustar por edad y grado de comorbilidad, los resultados no variaron.

 
Variables secundarias del estudio:

Teniendo en cuenta que podía suceder más de un evento por paciente, una de las variables secundarias comparaba la tasa de eventos totales vasculares mayores o revascularizaciones, en donde se observó una reducción del 11% en el grupo de pacientes con financiación completa, respecto al grupo con financiación parcial (HR= 0,89; IC 95% 0,80- 0,99; p= 0,03).

Adherencia terapéutica: Al eliminar el copago, la adherencia aumentó. En el grupo al que se le financiaba integramente los tratamientos, la adherencia fue un 5,4% mayor que en el grupo que pagaba parte de sus tratamientos (38,9±32,7% de adherencia a los tres tipos de medicación vs 43,9± 33,7%; p< 0,001), mejorando en mayor medida la adherencia al tratamiento con estatinas. No se detectaron cambios significativos en la adherencia entre los dos grupos, cuando se medían otros tratamientos farmacológicos en los que los copagos no se modificaron.

Costes sanitarios totales: La eliminación del copago no incrementó el coste total ( 66.008$ para el grupo con cobertura total y 71.778$ para el grupo con cobertura habitual (Coste Relativo=0,89; IC 95%, 0,50 -1,56; P = 0.68)). Los costes de los pacientes se redujeron tanto en medicación como en otros servicios (Coste Relativo =0,74; IC 95%, 0.68- 0.80; P<0.001).

Los autores concluyen que, pese a que la eliminación del copago no consigue resultados positivos en el objetivo principal de estudio, si se observan mejorías en las variables secundarias, sin afectar a los costes totales sanitarios.

Este es una muestra de un estudio en EEUU de los múltiples que existen.  ¿Es esto extrapolable para España?

Para saber más del tema, recomendamos la lectura de La corresponsabilidad individual en la financiación de medicamentos: evidencia y recomendaciones, de Jaume Puig-Junoy.

Cambios para la rosglitazona


Desde la descripción de las primeras alertas sobre la seguridad de las glitazonas en pacientes diabéticos tipo-2, allá por el 2001, las inquietudes y los problemas por los que atraviesan se están haciendo cada vez más patentes.
Tras el consenso de las sociedades científicas americana y europea, leemos dos noticias interesantes.
La primera que la revista Pharmacoepidemiol Drug Saf publica un estudio de casos y controles anidados realizado por GlaxoSmithKline (fabricante de rosiglitazona) utilizando la base de datos americana IHCIS. El estudio muestra que el riesgo de infarto de miocardio asociado a glitazonas en tratamientos de menos de doce meses no difiere del observado para otros antidiabéticos orales (1,03 y 0,92 para pio o rosiglitazona, respectivamente). Por el contrario, si que es significativamente mayor, tanto con rosiglitazona (1,15 IC95% 1,04-1,27) como con pioglitazona (1,13 IC95% 1,02-1,26 respectivamente), para tratamientos de más de doce meses.

En la segunda, el boletín australiano RADAR anuncia que la rosiglitazona deja de recomendarse -y por tanto de financiarse en el sistema sanitario público (Pharmaceutical Benefits Scheme)- como monoterapia (que nunca lo estuvo) ni en combinación con insulina o como triple terapia. La falta de evidencias sobre un beneficio clínico claro a largo plazo y los estudios recientes que hacen alusión a su seguridad, la relegan al tercer escalón en el tratamiento de la diabetes (y con precaución).