Más ventajas para los obesos

Según el estudio publicado en Am J Cardiol, los pacientes obesos sometidos a cirugía coronaria percutánea no electiva tras infarto agudo de miocardio, presentan menor mortalidad.
Inicialmente los autores plantean la hipótesis de que la obesidad conlleva peor pronóstico a corto y largo plazo, en cirugía coronaria percutánea consecutiva a un IM (no electiva).
Diseñan un estudio observacional con datos obtenidos de ensayos clínicos publicados. Los pacientes se agrupan en tres categorías según su IMC (normal, sobrepeso y obeso) y valoran las característica clínicas basales, el resultado de la intervención y los acontecimientos cardiacos posteriores a la cirugía (muerte, reinfarto, revascularización).
Los pacientes con sobrepeso y obesos representan el 70% del total (2.325 pacientes). Los obesos son más jóvenes y presentaban con mayor frecuencia diabetes, hipertensión y dislipemia, pero significativamente menor mortalidad que los no obesos durante la hospitalización, a los 6 y 12 meses. Paradojas de la medicina.

Salmeterol y fluticasona en la supervivencia del EPOC (ensayo TORCH)

NEJM publica el ensayo TORCH. Se trata de un ensayo aleatorizado y doble ciego que compara salmeterol más fluticasona dos veces al día (tratamiento combinado), administrados mediante un único inhalador, con placebo, con salmeterol solo o con fluticasona sola.  Se ha realizado en 6112 pacientes con EPOC con una duración de 3 años. El criterio principal de valoración fue la muerte por cualquier causa para la comparación entre el tratamiento combinado y el placebo.
De 6112 pacientes incluidos en la población para el estudio de la eficacia, 875 murieron en el transcurso de los 3 años siguientes al inicio del tratamiento del estudio. Las tasas de mortalidad por todas las causas fueron del 12,6% en el grupo de tratamiento combinado, del 15,2% en el grupo placebo, del 13,5% en el grupo tratado con salmeterol y del 16,0% en el grupo tratado con fluticasona.
La razón de riesgo para la muerte en el grupo de tratamiento combinado, en comparación con el grupo placebo, fue de 0,825 (IC95%: 0,681 a 1,002 ; p=0,052, ajustada) roza el nivel de significación estadística, aunque sin alcanzarlo. Las tasas de mortalidad del salmeterol solo y de fluticasona sola no difirieron significativamente de la del placebo.
El tratamiento combinado redujo la tasa anual de reagudización de 1,13 a 0,85 y mejoró el estado de salud y los valores espirométricos (p<0,001 para todas las comparaciones con el placebo).
La probabilidad de tener una neumonía como un acontecimiento adverso fue mayor entre los pacientes que recibieron medicamentos que contenían fluticasona (el 19,6% en el grupo de tratamiento combinado y el 18,3% en el grupo tratado con fluticasona) que entre los del grupo placebo (el 12,3%, p<0,001 para las comparaciones entre estos tratamientos y el placebo).
En cuanto a las causas por las que no se alcanza la significación estadística, los autores apuntan dos: que no haya efecto del salmeterol + fluticasona en la supervivencia, o que el EC no tenga potencia suficiente para detectar este efecto. Los autores se decantan por esta segunda interpretación. Finalmente, con los datos actuales, recomiendan el uso del tratamiento combinado en el manejo clínico del EPOC.
Financiado por GSK

¿Rosiglitazona, metformina o glibenclamida de 1ª elección en monoterapia para DM tipo 2?

Según la interpretación que hacen los autores del ensayo ADOPT publicado anticipadamente en el NEJM, en los pacientes recientemente diagnosticados de diabetes tipo 2 “de novo”, la monoterapia con rosiglitazona (Avandia®) parece mantener mejor control de la glucemia que metformina o glibenclamida (Daonil®, Euglucon®, Norglicem®) durante los primeros 4-6 años. Los investigadores compararon rosiglitazona, metformina, o glibenclamida como tratamiento inicial.
El ensayo doble ciego (patrocinado por el fabricante, GSK) reclutó a 4.360 pacientes seleccionados al azar para recibir dosis diarias iniciales de 4mg de rosiglitazona, 500mg de metformina, o 2.5mg de glibenclamida. La dosis se incrementó según protocolo, hasta alcanzar la dosis máxima efectiva (4mg de rosiglitazona dos veces al día, 1g del metformina dos veces al día, y 7.5mg de glibenclamida dos veces al día). Se permitió una reducción de la dosis si se producían acontecimientos adversos.
El resultado primario fue el fracaso de la monoterapia (definida como nivel de glucosa en ayuno de más de 10.0 mmol/l (180 mg/dl)).
El análisis Kaplan-Meier demostró una incidencia acumulada de fracaso en 5 años de la monoterapia del 15% con rosiglitazona, del 21% con metformina, y del 34% con glibenclamida. Esto representa una reducción del riesgo del 32% para el rosiglitazona respecto a metformina, y del 63%, con respecto al glibenclamida (P<0.001 para ambas comparaciones).
Un editorial discute el estudio y no hace la misma interpretación que los autores, sino más bien la contraria.