Se confirma mayor riesgo de fractura atípica con el uso de bifosfonatos en la mujer española de edad avanzada

Desde que en 2005, Odvina et al (J Clin Endocrinol Metab 2005; 90:1294–301) publicaron el primer artículo de advertencia sobre los efectos potencialmente nocivos del alendronato debido a la supresión del remodelado óseo, se han publicado una serie de estudios de casos y series cortas donde se ha demostrado una asociación entre el uso de bisfosfonatos y mayor riesgo en fracturas atípicas de fémur (subtrocantéreas/diafisarias).
 
De hecho, en abril de 2011, la AEMPS publicó una nota informativa de seguridad sobre los bisfosfonatos y riesgo de aparición de fracturas atípicas femorales y la EMA está revisando la seguridad a largo plazo de los bifosfonatos, ya que una fractura inusual del fémur después de un trauma mínimo planteó la sospecha de que la causa podría ser un efecto adverso de estos fármacos.
 
Confirmando estos hechos, se ha publicado en el BMJ un estudio anidado de casos y controles, realizado por compañeros de Navarra, donde han evaluado la asociación entre el uso de bisfosfonatos y el riesgo de fracturas atípicas de fémur entre las mujeres de 65 años o más de la población española a partir de la base de datos BIFAP (Base de Datos para la Investigación Farmacoepidemiológica en Atención Primaria).
 
El análisis incluyó 44 casos y 220 controles emparejados (edad media, 82 años). Los casos se definieron como mujeres de 65 años o más con un primer diagnóstico de fractura diafisaria o subtrocantérea, registradas en la base de datos BIFAP entre el 1 de enero 2005 y el 31 de diciembre de 2008, con al menos un año de seguimiento antes de la fecha de ingreso por fractura. Por cada caso se seleccionaron al azar, de la base de datos, cinco controles emparejados por edad y fecha de tratamiento y sin antecedentes de fractura atípica.
 
El OR de fractura femoral atípica por el uso de bisfosfonatos se determinó mediante regresión logística condicional. Los modelos se ajustaron por comorbilidades y el uso de otros medicamentos.
 
El uso de bifosfonato, en algún momento del estudio, fue más frecuente en los casos que en los controles (29,6% vs 10,5%). En el análisis multivariante, OR (95% CI) de la fractura femoral atípica fue de 4,30 (1,55 a 11,9) a favor de las usuarias que habían tomado bifosfonatos frente a las que no lo habían tomado nunca. El riesgo de fractura aumentó con el uso prolongado, con un OR de 9,46 (2,17 a 41,3) cuando se comparó los datos de las usuarias que utilizaban bifosfonatos más de 3 años frente a las no expuestas (p para la tendencia = 0,01).
 
La principal fortaleza de este estudio es que las ORs observadas indican una fuerte asociación entre el uso de bisfosfonatos y el aumento de riesgo de fractura femoral atípica, que difícilmente puede ser cuestionada por motivos de parcialidad en el diseño.
 
Una de las principales limitaciones de este estudio es el pequeño número de casos, lo que hace inviable realizar análisis de subgrupos por medicamentos. Otra limitación podría ser que las imágenes de rayos X no estaban disponibles. Sin embargo, esto puede no ser una limitación importante, ya que los casos de fractura de cadera se describían al detalle en los procedimientos quirúrgicos.
 
Por todo ello, los autores concluyen que el uso de bisfosfonatos se asoció con un mayor riesgo de fracturas diafisarias o subtrocantéreas en mujeres españolas de edad avanzada en una población de bajo riesgo de fractura, con un riesgo más elevado entre las usuarias que utilizan bisfosfonatos a largo plazo.
 

Riesgo de fracturas y utilización de medicamentos antiosteoporóticos: una relación desproporcionada.

La revista Osteoporos Int acaba de publicar un revelador estudio sobre la prevalencia de factores de riesgo de fractura por osteoporosis y la prevalencia de tratamientos antiosteoporoticos en la Comunidad Valenciana a partir de los datos recogidos de la cohorte ESOSVAL. 
 
Se trata de un estudio transversal, que analizó datos de 5.310 mujeres y 5.725 hombres de edad igual o superior a 50 años atendidos  en 272 centros de salud de atención primaria de la Comunidad valenciana entre los años 2009 y 2010. Se recogieron los datos demográficos, antropométricos, clínicos y de tratamiento de los pacientes registrados en ABUCASIS, herramienta informática que recoge los datos clínicos y de prescripción de los pacientes atendidos por la Agencia Valenciana de Salud. 
  
Entre otros datos clínicos se registraron los factores de riesgo de fractura, como historia de fractura de cadera en padres o hermanos, antecedentes personales de fractura osteoporótica en cualquier localización, ingesta de alcohol regular, hábito tabáquico, sedentarismo, nº de caídas en el año anterior, ingesta diaria de calcio a través de la alimentación y uso de glucocorticoides. 
 
 
En cuanto al tratamiento farmacológico se  recogió el uso de suplementos de calcio y vitamina D así como de fármacos antiosteoporóticos (bifosfonatos, raloxifeno, ranelato de estroncio, calcitonina, hormona paratiroidea y teriparatida). Se consideró que el paciente estaba en tratamiento con alguno de estos medicamentos si había recibido cualquiera de ellos tres meses antes de la fecha de su inclusión en la cohorte de estudio. 
 
Se empleó la herramienta FRAX® calibrada para España que calcula el riesgo a 10 años de fractura osteoporótica principal (vertebral patológica, cadera, antebrazo o húmero) y el riesgo a 10 años de fractura de cadera en cada paciente. Para definir la población con alto o bajo riesgo se emplearon los criterios del Scientific Advisory Council of Osteoporosis in Canada que clasifica las puntuaciones FRAX en bajo riesgo (riesgo de fractura a los 10 años <10%), riesgo intermedio (10-19%) y alto riesgo (≥20%) para  fracturas osteoporóticas principales, y bajo riesgo (<3%) o alto riesgo (≥3%) para  fracturas de cadera. 
 
Señalamos algunos de los resultados encontrados:
 
 – Los factores de riesgo de fractura en mujeres fueron la vida sedentaria (22,2%) y fractura previa (15,8%), mientras que en hombres destacaron la baja ingesta de calcio (21,4%) y el tabaquismo (20,9%).  
 
– Con respecto al riesgo de fractura el estudio mostró que el 28,8% del total de las  mujeres tenían un riesgo de fractura de cadera a los 10 años ≥3%, pero en el tramo de edad de mujeres de 50 – 64 años este porcentaje  bajaba hasta un 0,7% de las mujeres.
 
– Al 23,8% de las mujeres y al 5,2% de los hombres se les había realizado una densitometría ósea (DMO), llamando los autores la atención que, en el grupo de mujeres de 50 a 65 años, a 1 de cada 4 se les había realizado una DMO, a pesar del bajo riesgo de fractura en este tramo de edad. La densitometría en mujeres de menos de 65 años es una de las pruebas identificadas como de escaso valor clínico en un trabajo recientemente  publicado en Annals of Internal Medicine.  
 
– Con respecto a la utilización de medicamentos: el 27,7% de las mujeres y el 3,5% de los hombres tomaban suplementos de calcio y/o vitamina D. Y el 28,2% de las mujeres estaban en tratamiento con algún fármaco antiosteoporótico.
 
– Centrándonos en el grupo de mujeres de 50 a 64 años, el 22% de éstas recibían tratamiento antiosteoporótico (recordemos, esas mismas donde solo un 0,7% de ellas tenían un riesgo ≥3% de fractura de cadera a los 10 años). Es decir, para estos casos en los que no hay necesidad de tratamiento, no se aporta beneficio pero si algún efecto adverso (necrosis mandibular, fracturas atípicas).
 
 
El articulo llama la atención sobre el contraste entre altos niveles de tratamiento farmacológico y baja prevalencia de factores de riesgo en adultos jóvenes que, sumado a la sobreutilización  de la DMO, se traduciría todo ello en un impacto muy importante en el gasto sanitario ya que ese grupo de edad (mujeres de 50 -64 años) representa  mas de la mitad de las mujeres mayores de 50 años. En “roman paladino”: un despilfarro.
 

EMA: seguridad a largo plazo de antipsicóticos y bifosfonatos


 
La Agencia Europea de Medicamentos, a través del Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) ha informado que, dentro del Séptimo Programa Marco sobre investigación en seguridad de medicamentos, va a priorizar, entre otros, la vigilancia a los siguientes grupos terapéuticos extensamente utilizados y sus efectos secundarios en la población:
 
Efectos a largo plazo de la seguridad de los antipsicóticos en pacientes con demencia
 
Alrededor de seis millones de personas en Europa padecen demencia. Aunque algunos medicamentos pueden modificar la progresión de la enfermedad, el pilar del tratamiento es controlar los síntomas conductuales y psicológicos de la demencia. Los antipsicóticos se prescriben entre un 20-50% de los pacientes internados en instituciones, sin embargo el porcentaje es menor si el paciente vive en su casa o de sus familiares. Los antipsicóticos se dividen en antipsicóticos convencionales o típicos y los antipsicóticos atípicos en función de su propensión a causar signos y síntomas extrapiramidales y disquinesia tardía. Todos los antipsicóticos actúan a través del receptor de dopamina D2 pero los antipsicóticos atípicos afectan una gama más amplia de receptores, tales como los receptores de serotonina. Algunos atribuyen la diferencia en el perfil de efectos secundarios entre los antipsicóticos típicos y atípicos al efecto modificador de la serotonina mientras que otros postulan que es el tiempo que el receptor D2 está ocupado y la velocidad de disociación.
 
En 2005, el análisis de 17 ensayos controlados con placebo encontró que hubo una mayor tasa de mortalidad en las personas mayores a los que se les prescribieron antipsicóticos atípicos para la demencia. Esto llevó a las advertencias de Europa y en otros lugares sobre el uso de antipsicóticos atípicos en esta población. Sin embargo, la evidencia sobre si este efecto se extiende a los antipsicóticos típicos no esta disponible en gran parte debido a la falta de ensayos clínicos controlados aleatorios de estos fármacos, que se desarrollaron durante la década de 1950.
 
El objetivo del proyecto de la CHMP es investigar y cuantificar el aumento del riesgo de mortalidad en pacientes ancianos con demencia tratados con fármacos antipsicóticos y explorar los factores de riesgo y el mecanismo por el que se produce cualquier riesgo. Las variables a estudiar incluyen la dosis, insuficiencia renal, peso corporal, combinaciones de tratamientos y co-medicación. La investigación deberá generar información que pueda permitir la comparación de diferentes fármacos antipsicóticos con respecto a su riesgo cardíaco y eventos cardiovasculares así como la mortalidad en pacientes ancianos con demencia.
 
Efectos negativos a largo plazo de los bifosfonatos en el hueso
 
Los bifosfonatos son una clase de fármacos que actúan sobre el metabolismo óseo para disminuir la actividad de los osteoclastos. Hay dos subclases de los bifosfonatos: los que contienen nitrógeno (como el alendronato), que inhiben una enzima clave en la vía del mevalonato que conduce a una alteración de las proteínas reguladoras y la pérdida de actividad de los osteoclastos, mientras que los que no contienen nitrógeno (como el etidronato) inhiben la ATP-dependiente de enzimas intracelulares que conducen a la apoptosis de los osteoclastos. En ambos casos, la disminución de la actividad osteoclástica conlleva a la reducción del recambio óseo, aumento de la masa ósea y mejora de la mineralización del hueso.
 
La osteonecrosis de la mandíbula es un evento raro que se ha visto en asociación con el uso de todos los bisfosfonatos autorizados actualmente en Europa. Los factores genéticos pueden ser importantes en el desarrollo de este efecto adverso, y recientes hallazgos sugieren un posible papel del gen RBMS3 (Nicoletti et al., Oncology 2012, 17: 279-287).
 
También se han notificado fracturas atípicas de fémur subtrocantéreas y diafisarias con la terapia con bifosfonatos, sobre todo en pacientes que reciben tratamiento a largo plazo para la osteoporosis. Estas fracturas presentan una morfología diferente de las fracturas ocasionadas por la osteoporosis y se considera un efecto de clase de todos los bisfosfonatos autorizados en Europa.
 
Es difícil detectar los efectos adversos de los bifosfonatos en los huesos debido a factores de confusión. La osteonecrosis de mandíbula, de baja incidencia en la población, fue identificada debido a que varios casos se asociaron con el uso de bisfosfonatos y se realizó un examen más detallado. Del mismo modo, una fractura inusual del fémur después de un trauma mínimo planteó la sospecha de que la causa podía ser un efecto adverso de estos fármacos.
 
El propósito del proyecto de la CHMP es doble:
 
• Generar metodologías para estudiar la relación entre el uso de bifosfonatos y los efectos adversos a largo plazo en el hueso, incluyendo el estudio de la duración óptima del tratamiento con bifosfonatos para la osteoporosis, con el objeto de minimizar los riesgos a largo plazo.
 
• Medir la incidencia de osteonecrosis de la mandíbula y la incidencia de las fracturas femorales atípicas en relación con dosis altas y uso prolongado de bifosfonatos, teniendo en cuenta la duración del tratamiento y diferentes ventanas de tiempo en el que se tiene más riesgo de desarrollar el evento, incluidos los riesgos a largo plazo, así como otros posibles factores (incluyendo los genéticos), así como comparar entre sí los datos sobre seguridad de los diferentes bisfosfonatos.
 

Bifosfonatos ¿para quién y por cuánto tiempo?

La FDA realizó una revisión sistemática de la eficacia de los bifosfonatos a largo plazo, en respuesta a los informes post-comercialización de eventos adversos poco frecuentes pero graves asociados con bifosfonatos, como las fracturas de fémur atípicas, la osteonecrosis de la mandíbula y el cáncer de esófago.
 
La revisión de la FDA (que se resume en NEJM) se centró en estudios en los que los bisfosfonatos se habían administrado inicialmente durante al menos 3 años y posteriormente se extendió por un período adicional de 3 a 6 años (la duración total fue de entre 6 y 10 años) y recogían datos de fracturas de manera sistemática y completa. Los ensayos que cumplían estos criterios son los estudios FLEX (alendronato), HORIZON-PFT (zoledronico) y VERT-MN (risedronato). 

Los hallazgos con respecto a los tres bifosfonatos eran muy similares en términos de aumento de la densidad mineral ósea (DMO) a cinco años. Continuar con el tratamiento más de 5 años consiguió mantener la DMO en cuello femoral y un aumento de la DMO en columna lumbar. En los pacientes que cambiaron a placebo, la DMO en el cuello femoral disminuyó ligeramente durante los primeros 1 a 2 años y luego se estabilizó, mientras que la DMO en columna lumbar continuó aumentando a pesar de la interrupción del tratamiento con bisfosfonatos.
 
En el análisis de la FDA de fracturas vertebrales morfométricas y clínicas que se producen en los ensayos aleatorios de extensión, el beneficio en términos de protección frente a fracturas con la terapia continua de bifosfonatos fue inconsistente. En el ensayo FLEX, la tasa de fracturas vertebrales clínicas se redujo, pero no la tasa de fracturas vertebrales morfométricas. En HORIZON-PFT, la mejora se demostró en las fracturas vertebrales morfométricas, pero no en fracturas vertebrales clínicas. Un análisis post hoc del FLEX mostró un beneficio en términos de fracturas no vertebrales en un subgrupo muy específico de los pacientes, aquellos sin fracturas vertebrales al inicio del estudio, que también tenían una puntuación T del cuello femoral de menos de -2,5.
 
La tasa de fracturas en las pacientes que recibieron tratamiento con bifosfonatos y posteriormente cambiaron a placebo se mantuvo constante en el tiempo: 8.2% en los tres primeros años de tratamiento con bifosfonatos y luego tras pasar a placebo fue de 8.6% en los años 4-5; 8.8% en los años 6-9 y 8.0% a partir del año 9, lo que sugiere que no hay un deterioro en la eficacia de la prevención de fracturas. 

En resumen, los datos de fracturas sugieren que con la exposición continua a bifosfonatos no hay un claro beneficio ni daño para el riesgo general de fractura osteoporótica. Parece que los pacientes con riesgos bien reconocidos de fractura (historia de fractura, edad mayor de 70 años, y los que permanecen en el rango de osteoporosis T-score) son más propensos a la fractura a pesar del tratamiento continuo con bifosfonatos. En los ensayos no hubo un beneficio claro y consistente de cualquier tipo de fractura en particular.
 
Para aquellos que han sido previamente tratados con bifosfonatos que luego suspendieron el tratamiento, no parece haber ninguna diferencia en las tasas de fractura en comparación con aquellos que continuaron la terapia activa. De hecho, la incidencia de fracturas en este grupo se mantuvo estable en el análisis agrupado. De tres a cinco años de exposición al fármaco, pueden otorgar este beneficio. Estos resultados sugieren que no hay ventaja significativa de la terapia farmacológica continua más allá de 5 años.
 
Respecto a la discontinuación de los bifosfonatos “drugs holidays”, no hay datos importantes disponibles para tomar decisiones relacionadas con el inicio o la duración de la discontinuación del fármaco. Los únicos datos disponibles sobre la interrupción de bifosfonatos provienen del estudio con risedronato, donde todos los sujetos interrumpieron el tratamiento durante 1 año (año 8 ) seguido por la reanudación de la terapia durante 2 años más (años 9 y 10) aunque sólo 32 sujetos continuaron en el estudio en los años 9-10.
 

Ya está disponible el Drug Safety Update de Noviembre

 
  
Este mes contiene la siguiente información:
  
         Bifosfonatos y osteonecrosis maxilar (recomendamos ver nota informativa de la AEMPS)
  
     Vigabatrina para espasmos infantiles: posibilidad de riesgo de alteraciones del movimiento. Recomiendan a los profesionales sanitarios que si se detectan en niños tratados con vigabatrina distonía, disquinesia o hipertonía consideren una reducción de la dosis o una retirada gradual del tratamiento.
  
         Colchicina: La colchicina tiene un margen terapéutico estrecho y es extremadamente tóxico en caso de sobredosis. Los pacientes en riesgo particular de toxicidad son aquellos con insuficiencia renal o hepática, enfermedad gastrointestinal o cardiaca y en pacientes con edades extremas. Los síntomas de sobredosis a menudo tardan en aparecer.
  
      Oseltamivir: han recibido 850 informes de farmacovigilancia entre el 1 de abril 2009 y 22 de octubre 2009. De las 1.489 reacciones adversas sospechosas declaradas, las más frecuentes son coherentes con los signos y síntomas de efectos secundarios reconocidos, tales como reacciones alérgicas leves, eventos gastrointestinales, cefalea y mareos, lo que también puede ser causada por enfermedad de tipo gripal.
  
Han recibido siete informes en los que el paciente murió después del tratamiento con oseltamivir. Estos casos han sido plenamente evaluados y en ninguno de ellos existen  pruebas para confirmar que el oseltamivir fue directamente responsable del hecho fatal.
  
      Zanamivir: han recibido 20 informes de farmacovigilancia entre el 1 de abril 2009 y 22 de octubre 2009. De las 39 reacciones adversas sospechosas declaradas, las más frecuentes son coherentes con los signos y síntomas de efectos secundarios reconocidos, tales como reacciones alérgicas y broncoespasmos. Eventos declarados como diarrea, náuseas, vómitos, fatiga, dolor de cabeza y mareos pueden ser causadas por la propia enfermedad gripal.
  
Ha habido un caso de muerte intrauterina después de la exposición durante el embarazo. Sin embargo, actualmente no hay evidencia para sugerir que el zanamivir (o el oseltamivir) conlleven riesgos (maternal, fetal, perinatal o postnatal) durante el embarazo. 
  
Una revisión reciente de los datos disponibles por las autoridades reguladoras europeas llevó a la recomendación de que, debido a los riesgos potencialmente graves de la gripe H1N1 porcina en el embarazo, los beneficios de usar el zanamivir (o oseltamivir) en el tratamiento de la gripe en mujeres embarazadas o en período de lactancia compensan los riesgos conocidos.
  
El Teratology Information Service (UKTIS) del Reino Unido, en colaboración con la MHRA, ha sido elegido por el Instituto Nacional de Investigación en Salud de UK para llevar a cabo un proyecto de investigación durante el actual brote de gripe porcina para aprender más acerca de los efectos de la enfermedad y sus tratamientos en el embarazo.

Prevención de la osteonecrosis del maxilar asociada a los bisfosfonatos

 

 
La Agencia
Española
de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha emitido una nota informativa (Ref. 2009/10) sobre recomendaciones para la prevención de osteonecrosis del maxilar asociada al tratamiento con bifosfonatos, fármacos utilizados en pacientes con enfermedades oncológicas y en patología reumatológica.

Anteriormente, la osteonecrosis del maxilar (ONM) ya se había asociado al tratamiento con este grupo de fármacos. En 2003 se registraron episodios en pacientes oncológicos (hipercalcemia tumoral y metástasis óseas osteolíticas) tras la utilización de bifosfonatos por vía intravenosa (zoledronato y pamidronato). Como consecuencia, la AEMPS emitió en noviembre de 2005 una nota informativa (Ref. 2005/17) realizando recomendaciones específicas de prevención y se actualizaron las fichas técnicas correspondientes. 
 

Desde entonces, se han notificado más casos de ONM que además se han asociado a la administración de bifosfonatos orales en pacientes con patología reumatológica (osteoporosis y enfermedad de Paget) y otras patologías no oncológicas.
 

Por ello, el Comité de Seguridad de Medicamentos de Uso Humano de la AEMPS (CSMH) y el Grupo de Trabajo de Farmacovigilancia de la Agencia Europea de Medicamentos (CHMP) han realizado una evaluación con los datos disponibles concluyendo que:

  • Se establece una definición más clara de la ONM y se realiza una aproximación a su incidencia.

  • Se reconocen como factores de riesgo asociados a la ONM:

    1. La potencia del bifosfonato. Zoledronato es el más potente, seguido de pamidronato. Respecto a las formas orales, las nitrogenadas (alendronato, ibandronato y risedronato) son más potentes que las no nitrogenadas (etidronato, clodronato y tiludronato)

    2. La vía de administración intravenosa (IV), utilizada en indicaciones oncológicas. Actualmente se encuentra disponible una presentación de zoledronato IV de administración anual, que según ensayo clínico publicado tendría una menor incidencia de ONM.

    3. La dosis acumulada de exposición. Los bifosfonatos se acumulan en el hueso y permanecen en él durante un periodo de tiempo prolongado, por lo que la interrupción del tratamiento no sería necesariamente una medida preventiva para la ONM.

La AEMPS recomienda a los profesionales sanitarios que:

  • La indicación de bifosfonatos en osteoporosis  esté guiada por el riesgo de fracturas de cada paciente y la necesidad de su prevención farmacológica.

  • Una vez decidida la necesidad de tratamiento, se lleven a cabo medidas preventivas dentales.

  • Los pacientes que desarrollen una ONM reciban el tratamiento apropiado por profesionales con experiencia en esta patología. 

Se adjunta una nota informativa destinada a los pacientes en la que se recomienda la realización de una evaluación buco-dental completa previa al inicio del tratamiento con bifosfonatos, además de revisiones con cierta periodicidad durante el tratamiento. 

Bifosfonatos y fibrilacion auricular


La agencia norteamericana FDA comunica los resultados de la revisión que anunciaba iba a llevar a cabo, en relación con la aparición de algunos casos de fibrilación auricular y bifosfonatos, publicados en el NEJM.
La agencia informa a sus profesionales, que en su día solicitó a los fabricantes los resultados de todos los ensayos clínicos frente a placebo realizados con bifosfonatos. Los fabricantes remitieron los datos de un total de 18.358 pacientes tratados durante periodos que oscilaban entre 6 meses y tres años.
Tras la evaluación, la FDA estima que la diferencia de riesgo frente a placebo podría oscilar entre 0 y 3 casos por cada 1.000 pacientes tratados. El único fármaco que demostró un riesgo estadísticamente significativo en un ensayo fue el zoledrónico.
Así pues, considera que por el momento NO existe una asociación clara entre el empleo de bifosfonatos, la duración o la dosis empleada y la aparición de fibrilación auricular.

 

Bifosfonatos y riesgo de fibrilación auricular

La relación entre uso de bifosfonatos en osteoporosis y riesgo de fibrilación auricular (FA) y flutter está siendo objeto de debate, ya que los trabajos publicados al respecto hasta el momento no muestran resultados en la misma dirección.
BMJ publica un estudio de casos y controles realizado en Dinamarca para ver si esta relación existe. Evaluan 13.586 casos de mujeres con FA y flutter y  68.054 controles de mujeres sin la enfermedad. El periodo de estudio fue 1999-2005 y se consideró como factor de exposición el llevar o no tratamiento con bifosfonatos.
Los resultados mostraron la misma frecuencia de uso en ambos grupos (3,2% en los casos y 2,9% en los controles). Los bifofosfonatos consumidos fueron alendronato y etidronato. También la frecuencia de uso de uno u otro bifosfonato fue similar entre ambos grupos. (risedronato se introdujo en Dinamarca en 2004 por lo que ningún caso tomaba este bifosfonato  y solo 5 de los controles). El riesgo relativo ajustado por factores de riesgo de FA (enfermedad cardiovascular, renal, diabetes y otros) en los tratados con bifosfonatos comparado con los no tratados fue de 0,95 (IC 95% 0,84 a 1,07). Tampoco se encontró asociación entre duración del tratamiento (nº de prescripciones) y riesgo de FA y flutter.
Los autores concluyen que no se han encontrado evidencias de que el uso de alendronato o risedronato incremente el riesgo de FA y flutter.
El editorial incluido en el mismo número de la revista recuerda que, cuando los efectos adversos a estudiar son poco frecuentes, como en este caso (<1 –2 %), los  estudios  observacionales de ese tipo son los idóneos para valorar la magnitud del problema. Y éste, dada su potencia (casi 14.000 casos y 68.000 controles) y su rigurosidad, aporta conclusiones que pueden considerarse relevantes.
También es verdad que, en el mismo editorial, llaman la atención sobre la limitación que supone no disponer de datos sobre ácido zoledrónico, el primer bifosfonato que hizo saltar la alarma y recomiendan que se siga estudiando la relación entre riesgo de FA y tratamiento con este y otros bifosfonatos de administración intravenosa.
Concluyendo, de momento, tranquilos con alendronato y etidronato, y ojo avizor con el resto de bifosfonatos.

Revisiones de la Cochrane: Etidronato y Risedronato

La Cochrane Library publica revisiones sistemáticas sobre dos de los fármacos que inhiben la resorción ósea: el etidronato y el risedronato. En ambos casos, los autores evalúan la eficacia del fármaco en prevención primaria o secundaria de fracturas osteoporóticas en mujeres menopáusicas, recopilando los ensayos publicados  hasta el 2007. Como medida de eficacia calcula el riesgo relativo (RR) de sufrir una fractura, considerando que la efectividad es clínicamente perceptible si se produce una reducción relativa de riesgo (RRR) mayor del 15%.
En el caso del etidronato, los ocho estudios evaluados muestran que la RRR de padecer una fractura vertebral, se reduce globalmente un 41% (RR 0,59, IC95%: 0,36 a 0,96) frente a placebo.
·       En los seis ensayos prevención secundaria la RRR es del 47% en fracturas vertebrales (reducción absoluta de riesgo 5%). No se observan reducciones significativas en fracturas no vertebrales, de cadera o de rodilla.
·       Los dos ensayos de prevención primaria no se observan diferencias estadísticamente significativas en comparación con placebo.
·       En cuanto a efectos adversos, los autores no se observan diferencias estadísticamente significativas, aunque sugieren preocupación por el riesgo de lesiones gastrointestinales altas.
En el caso del risedronato, los siete estudios evaluados muestran, globalmente, un menor riesgo de fracturas vertebrales (RR 0.63, 0.51 a 0.77) y de no vertebrales (RR 0.80, 0.72 a 0.90) frente a placebo.
·       En prevención secundaria, se observa una RRR del 39% de padecer fractura vertebral (reducción absoluta de riesgo 5%). En fracturas no vertebrales la RRR es del 20% (reducción absoluta del 2%) y del 26% (reducción absoluta del 1%) para fracturas de cadera.
·       En prevención primaria solo se dispone de resultados en fracturas vertebrales+no vertebrales, sin diferencias frente a placebo.
·        Respecto a los efectos adversos, tampoco observan diferencias significativas, aunque a la vista de los estudios, los autores muestran desconfianza sobre el riesgo de lesión gastrointestinal alta y, en menor medida, a la osteonecrosis de mandíbula.
En octubre de 2006 ya comunicamos otra revisión sistemática de la agencia de evaluación canadiense CADTH.

Dolor muscular y osteoarticular con bifosfonatos

La FDA ha informado a los profesionales sobre la posible aparición de dolor óseo, articular y/o muscular severo (a veces incapacitante) en pacientes que toman bifosfonatos. A pesar de que este efecto viene descrito en la ficha técnica de estos medicamentos (sin demasiado énfasis, todo sea dicho), es frecuente que el facultativo no lo tenga presente, retrase el diagnóstico y utilicen analgésicos innecesariamente. (Ver por ejemplo pág 5 de la ficha técnica de Fosamax semanal).
La presentación puede ser inmediata o dilatarse meses o años después de comenzar el tratamiento y en algunos pacientes, los síntomas persisten a pesar de haberlo interrumpido. Por el momento no se conocen los factores de riesgo que predicen en qué pacientes es más probable su aparición.