Domperidona a estudio por sus efectos adversos cardíacos


 
Domperidona es un viejo conocido que se utiliza para aliviar los síntomas de las nauseas, vómitos, malestar abdominal y ardor de estómago. 

La Agencia Europea de Medicamentos ha iniciado una revisión sobre su
seguridad cardíaca. 
 
Recordemos que hace un año la
Agencia Canadiense notificaba a sus profesionales la asociación entre el uso de domperidona y el riesgo de arritmias ventriculares graves o muerte súbita de origen cardiaco, y que aquí en España, en Diciembre 2011 ya publicó la AEMPS una nota informativa al respecto.
 
La Agencia Europea de Medicamentos revisará ahora todos los datos disponibles sobre el balance beneficio-riesgo de los medicamentos que contienen domperidona, y emitirá una opinión sobre si las autorizaciones de comercialización deben mantenerse, modificarse, suspenderse o retirarse en la UE.
 

Alerta FDA: uso de IBP y riesgo de infección por Clostridium difficile


 
La FDA ha notificado que el uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) puede estar asociado con un mayor riesgo de diarrea asociada a Clostridium difficile, por lo que tendrá que ser considerado si un paciente toma un IBP y desarrolla diarrea que no mejora. Los síntomas incluyen heces acuosas, dolor abdominal y fiebre. La enfermedad también se puede propagar en los hospitales (ya comentado en HL).

 
La FDA está trabajando con los laboratorios titulares de las marcas de IBP para incluir información en ficha técnica sobre el aumento del riesgo de Clostridium difficile con el uso de un IBP (omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabeprazol, esomeprazol).
 
La administración estadounidense también está revisando el riesgo de desarrollar Clostridium difficile en los pacientes usuarios de los inhibidores de receptores de histamina H2 (famotidina. ranitidina,…) los cuales se utilizan para tratar la enfermedad de reflujo gastroesofágico (ERGE), úlceras de estómago y del intestino delgado, así como la acidez gástrica.
 
La FDA aconseja las siguientes acciones:
 
• Los profesionales de la salud deben considerar el diagnóstico de Clostridium difficile para los usuarios de IBP con diarrea que no mejora.
 
• Los pacientes deben buscar atención inmediata de un profesional de la salud si experimentan deposición acuosa que no desaparece, dolor abdominal y fiebre mientras toman un IBP.
 
• Los pacientes deben utilizar la dosis más baja y la más corta duración de la terapia con el IBP adecuadas a la enfermedad que padecen.

Recomendaciones AEMPS en pacientes tratados con un IBP


 
En junio de este año ya comentamos la alerta de seguridad emitida por la FDA  sobre la asociación entre uso prolongado de IBP y aparición de hipomagnesemia 
 
La AEMPS acaba de publicar ahora una Nota Informativa sobre el mismo asunto:
 
A partir de la identificación de varios casos de hipomagnesemia asociados al uso prolongado de IBP se inició un proceso de revisión de la información disponible sobre este asunto (datos procedentes de la bibliografía y casos procedentes de notificación espontánea de sospechas de reacciones adversas y de otras fuentes de información).
 
Una importante característica de muchos de los pacientes afectados es que presentaron signos de hipomagnesemia durante meses o años, y tuvieron que ser ingresados en el hospital en varias ocasiones antes de que se sospechara que el cuadro clínico que presentaban podía estar relacionado con el tratamiento con IBP. Esta reacción adversa se ha observado en pacientes que llevan tomando el medicamento al menos 3 meses, y en la mayoría de los casos, un año.
 
La AEMPS, aún considerando que esta reacción sería muy poco frecuente, pero teniendo en cuenta el amplio uso de estos medicamentos en la población y la necesidad de realizar un diagnóstico correcto de estos casos trasladó sus valoraciones al ámbito europeo, lo que permitió comprobar la notificación de casos similares en otros países, y que, al haberse comunicado casos para diferentes IBP, la hipomagnesemia podría ser un efecto de clase para estos medicamentos.
 
Por ello las agencias de medicamentos europeas van a actualizar las fichas técnicas de los IBP incorporando la información sobre este potencial riesgo.
 
Mientras tanto la AEPMS recomienda a los profesionales sanitarios lo siguiente: 
 

  • Valorar la posibilidad diagnóstica de hipomagnesemia ante la aparición de sintomatología compatible no explicada en pacientes en tratamientos prolongados con IBP.
  • Considerar la posibilidad de realizar determinaciones plasmáticas de magnesio (previo al inicio y periódicamente durante el tratamiento) a aquellos pacientes:
    • Sometidos a tratamientos prolongados con IBP.
    • Que estén tomando IBP junto con digoxina o cualquier otro medicamento con capacidad para reducir los niveles plasmáticos de magnesio (ej.: diuréticos).

“Efecto rebote ácido” de los IBP tras retirar el tratamiento

La revista oficial de la Asociación Americana de Gastroenterología ha publicado un estudio sobre el efecto rebote ácido de los inhibidores de la bomba de protones (IBP). La hipersecreción ácida de rebote se define como un incremento en la secreción de ácido gástrico por encima de los niveles previos al tratamiento que se produce tras la suspensión de la terapia antisecretora. Los investigadores quieren evaluar si el tratamiento a largo plazo con IBP crea una necesidad para continuar con el tratamiento.
 
Se trata de un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo realizado en 120 individuos sanos que fueron aleatorizados a recibir placebo (durante 12 semanas) o esomeprazol 40mg (8 semanas) seguidas de placebo (4 semanas más).
 Los pacientes cumplimentaron semanalmente el cuestionario de evaluación de síntomas gastrointestinales (GSRS). La escala consta de 15 ítems agrupados en 5 bloques que corresponde a los síntomas GI: reflujo, dolor abdominal, indigestión, diarrea y estreñimiento. Se puntúa en una escala tipo Likert de 7 grados. 
 
Un incremento de más de 2 puntos en la escala de las preguntas relacionadas con acidez, regurgitación ácida y dispepsia fueron definidas como síntomas ácidos clínicamente relevantes.
Los pacientes incluidos no tenían síntomas ni enfermedades relacionadas con el ácido. La figura adjunta muestra como el porcentaje de pacientes con síntomas se incrementa en el grupo esomeprazol, pero no en el grupo placebo, a partir de la octava semana momento en el que las capsulas dejan de tener sustancia activa. Este incremento es estadísticamente significativo en las semanas 10, 11 y 12.
 
    

Los autores señalan e
n la discusión que más de un 40% de voluntarios sanos, que nunca habían tenido molestias de acidez, regurgitación o dispepsia, desarrollaron estos síntomas en las semanas posteriores a la interrupción del tratamiento con IBP, lo cual tiene importantes implicaciones clínicas y económicas. En la revisión de estudios previos, los autores sólo encontraron dos estudios que estudiasen el efecto rebote de los IBP, aunque sólo habían sido publicados en forma de abstracts. Finalmente, concluyen que esta dependencia de los IBP podría ser una causa de la explicación del rápido y continuo incremento del uso de IBP. 
 
El editorial señala que deben ser reconsiderados los hábitos de prescripción de los IBP y señala los siguientes aspectos:
 
   *  restringir su uso a casos con síntomas claro de acidez y reflujo,
   *  reducir la duración a 1-2 semanas cuando se utilicen como test diagnóstico,
   *  informar al paciente de la hipersecreción ácida de rebote y sus efectos,
   *  pone en
cuestión la tendencia a adoptar el tratamiento descendente “step-down(que supone iniciar el tratamiento con un IBP) frente al tratamiento por pasos ascendentes “step-up” (iniciar con consejos de estilo de vida) .

Progresivo aumento de la prescripción de antiulcerosos en España

Siguiendo con la estela de los antidiabéticos, Información Terapéutica del SNS publica ahora los datos de prescripción de antiulcerosos en España entre los años 2000 y 2008, reflejando como principales resultados:   
 
– un incremento de su utilización en este periodo del 200,8% 
          
   – modificación sustancialmente de su perfil de uso, disminuyendo el empleo de los Anti-H2 y concentrándose la utilización en los IBP, sobre todo en el omeprazol. 
 
 

El indicador utilizado para estos estudios de utilización de medicamentos es la dosis diaria definida por 1000 habitantes y día (DHD) y, si bien en los antidiabéticos este no refleja la realidad de la prevalencia de la enfermedad por existir terapia combinada de varios fármacos del mismo grupo terapéutico, en el caso de los antiulcerosos podemos asumir una relación directa, de tal manera que si en el año 2008 se han prescrito 100,26 DHD, quiere decir que actualmente 10 de cada 100 españoles adscritos al SNS están tomando un antiulceroso (y subiendo). 
 
Lo que se desconoce es la indicación para la que se utilizan, aunque el autor hipotetiza que mayoritariamente se emplean para la profilaxis de lesiones gastrointestinales inducidas por AINEs. Así, el incremento en la utilización de AINE en España ha conllevado, de manera casi paralela, un incremento en el empleo de antiulcerosos en general, y de los IBP en particular. 
 
No obstante, considerando posibles efectos indeseados de la utilización sistemática de IBP, no todos los pacientes en tratamiento con AINE tienen por qué recibir un IBP, sino solo aquellos con factores de riesgo, que, por otra parte, se encuentran bien definidos.
 
Comparando estos resultados con los de otros países, se desprende que los niveles de utilización en España son muy superiores a los declarados y publicados por organismos oficiales en otros Estados: solo 3,6 de cada 100 habitantes reciben un antiulceroso en Dinamarca o Noruega y 4 de cada 100 en Italia. ¿Por qué esta elevada utilización de antiulcerosos en España? 
 
Repetimos la moraleja: mientras se evalúe la utilización de medicamentos “por kilos”, conoceremos “cuanto” se prescribe pero queda la incertidumbre sobre el uso adecuado de los mismos sobre nuestros pacientes.

Seguridad de la metoclopramida como antiemético en el primer trimestre del embarazo

En la ficha técnica del Primperan®, revisada en noviembre de 2008, los datos clínicos sobre su utilización durante el primer trimestre del embarazo se basan en un grupo de mujeres (>1.000) que recibieron metoclopramida durante el primer trimestre del embarazo y no se encontró incremento de malformaciones ni toxicidad feto/neonatal en comparación con un grupo control. Por lo que en caso de que sea necesario, se puede valorar.  

El NEJM acaba de publicar una revisión sobre la seguridad del uso de metoclopramida durante el primer trimestre de embarazo vinculando la base de datos de medicamentos dispensados entre enero de 1998 hasta marzo de 2007 a todas las mujeres de un distrito de Israel, con bases de datos informatizados conteniendo registros hospitalarios del mismo periodo de las madres y sus hijos. Se evaluaron las asociaciones entre el uso de metoclopramida en el embarazo y los resultados adversos para el feto, edad materna, grupo étnico, la presencia o ausencia de diabetes materna, el tabaquismo y la presencia o ausencia de fiebre periparto.

Nacieron 113.612 niños durante el período de estudio y 81.703 (71,9%) presentaron registrados en el hospital Clalit; 3.458 de ellos (4,2%) estuvieron expuestos a la metoclopramida durante el primer trimestre del embarazo. La exposición, en comparación con ninguna exposición, no se asoció significativamente con el aumento de los riesgos de las principales malformaciones congénitas (5,3% y 4,9%, respectivamente; OR, 1,04; IC95%, 0,89 a 1,21) , bajo peso al nacer (8,5% y 8,3%; OR, 1,01; IC95%: 0,89 a 1,14), parto prematuro (6,3% y 5,9%; OR, 1,15; IC95%: 0,99 a 1,34), perinatal o muerte (1,5% y el 2,2%; OR, 0,87; IC95%: 0,55 a 1,38).

En esta gran cohorte de niños, la exposición a la metoclopramida en el primer trimestre no se asoció significativamente con un mayor riesgo de cualquiera de los eventos adversos estudiados. Estos resultados proporcionan tranquilidad con respecto a la seguridad de metoclopramida para el feto cuando se administra el fármaco a las mujeres para aliviar las náuseas y los vómitos durante el primer trimestre de embarazo.
 

Esperemos a posibles modificaciones en la ficha técnica.
 

PD.- En lactancia está totalmente contraindicado por excretarse con la leche materna.

Indicadores de prescripción: “modus operandi” en UK

El Instituto de Innovación y Mejora del NHS ha publicado recientemente los  indicadores de productividad de los profesionales sanitarios ingleses, perfectamente identificados, entre los que se encuentran los de prescripción. Al parecer, no difieren mucho de los que se manejan habitualmente en las diferentes comunidades autónomas del territorio español:
Indicador de estatinas, centrado fundamentalmente en la prescripción de estatinas de bajo coste, simvastatina y pravastatina, frente al resto de estatinas. La justificación se basa en la orientación que la guía NICE realiza para el tratamiento del riesgo cardiovascular y modificación de lípidos.
Indicador de hipolipemiantes, igual que el anterior pero incluyendo la ezetimiba en el denominador.
Indicador de inhibidores de la bomba de protones, basado en la prescripción de omeprazol y lansoprazol de menor precio, frente al resto (excluyendo especialidades farmacéuticas de liberación retardada y combinados para la erradicación del H.pylori)
Indicador del sistema renina-angiotensina, teniendo como principio activo de elección los IECAS frente al resto, excluyendo las combinaciones, indicados para la hipertensión, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardiaca y diabetes tipo 2 incluidas en el NPCi. También se utilizan en la enfermedad renal crónica, para los cuales hay una guía de orientación en el NICE.
 
 
MeRec
lo resume perfectamente y aporta enlaces a todas las referencias de guías y consejos que se realizan para la consecución de los objetivos. 
Se detectan dos diferencias comparando con la gestión de estos indicadores en España:

unificación: mientras que el NHS aporta una guía para todas las áreas sanitarias de salud de UK, aquí, por ahora, tenemos una guía por cada comunidad autónoma, aunque GuiaSalud está centralizando y validando todos los documentos elaborados, con la participación de todas las administraciones sanitarias y el MSyPS. Lo único que falta ahora es una buena estrategia de implementación de las mismas en los lugares de trabajo de los médicos a los que les tiene que servir de base en sus prescripciones.

transparencia: en la Web del NHS se encuentran disponibles los valores obtenidos por las diferentes áreas sanitarias de los indicadores de incentivación, dentro de los cuales se encuentran los indicadores de prescripción, valorados según objetivo conseguido. En España es imposible encontrar la evolución de los indicadores de las diferentes CCAA y se podría parodiar con la famosa frase de Martin Handford ¿Dónde está Wally?
 
Por ejemplo, en la hoja adjunta se describen los indicadores de la bomba de protones en el área sanitaria de Londres, donde se ordenan las distintas zonas básicas por cumplimiento de objetivo, oportunidades de mejora y modificaciones desde el periodo de estudio anterior.

Boletín Hemos Leído (2) 2009

Un nuevo número de Hemos Leído ya está disponible.
Riesgo de neumonías y corticoides inhalados en la EPOC
– Inhibidores de la bomba de protones (IBP) y posible riesgo de fracturas osteoporóticas
– Aliskiren: evaluación de la eficacia y seguridad a largo plazo


Boletines Hemos Leído (1) 2009

Un nuevo número de Hemos Leído ya está disponible.
– Clopidogrel e inhibidores de la bomba de protones: ¿una buena combinación?

– Antidepresivos eficaces en fibromialgia

 

Disquinesia tardía con metoclopramida


La disquinesia tardía es una alteración hipercinética que aparece con relativa frecuencia en pacientes tratados con fármacos bloqueantes de los receptores de la dopamina a dosis elevadas, o durante periodos prolongados. Entre ellos, los neurolépticos típicos o atípicos (haloperidol, amitriptilina, risperidona, etc) son los que habitualmente se relacionan con estos acontecimientos adversos, aunque no son los únicos.
Así, un estudio reciente realizado en
un centro especializado de EEUU describía que la metoclopramida (Primperan®, entre otros) había pasado a ser entre el 2000 y 2006 el fármaco que con mayor frecuencia se asociaba a las disquinesias tardías atendidas, desplazando al haloperidol, y un análisis realizado por la agencia reguladora advierte que el 20% de los pacientes, a los que se les prescribe metoclopramida, la toman durante periodos de más de tres meses. En base a estos y otros estudios similares, la FDA ha decidido ahora incluir una advertencia a los pacientes (black-box) en todas las especialidades que contienen este principio activo recomendando que, excepto casos muy concretos, se procure evitar su uso crónico.
Recordamos que su adminitración con neurolépticos o con antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina incrementa el riesgo de alteraciones extrapiramidales.