Prevención secundaria de la CI: a mayor atención, igual resultado

Que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en nuestra sociedad, es desgraciadamente incuestionable. Que la Atención Primaria, por la capacidad de abordaje global del paciente, longitudinalidad y accesibilidad es el ámbito idóneo para desarrollar actividades de prevención secundaria, casi  nadie lo pone en duda. Por este motivo, hace tiempo que grupos de profesionales han dedicado recursos para averiguar cual es la panacea logística (la farmacoterapia la tenemos todos muy clara) que mejore estas cifras tan deprimentes. Estudios observacionales con nombres sonoros como PREVESE, PREMISE, ELIPSE, PRESENCIAP, PRESENTE, PRECIAR,… han evaluado el cumplimiento y grado de implementación de las mejores evidencias en la práctica médica.
Quien más, quien menos, comparte que un seguimiento más exhaustivo del paciente estable con antecedentes de cardiopatía isquémica, citándole, informándole y asesorándole para que tenga presente que su enfermedad la tiene que “cuidar” el mismo, cumpliendo estrictamente las recomendaciones de su médico, debiera reducir las complicaciones y la mortalidad asociada a la enfermedad.
Los investigadores del estudio ICAR han publicado en Medicina Clínica un esmerado ensayo clínico sobre este tema, en pacientes de Centros de Salud catalanes. Sorprendentemente, tras cinco años de seguimiento, concluyen que se obtienen los mismos resultados cuando se extreman los cuidados del paciente (ofrecerle consultas periódicas cada 3 meses con un protocolo perfectamente diseñado), que con los cuidados habituales que reciben en las consultas médicas de Atención Primaria de nuestra sanidad pública. Posiblemente no lo hagamos tan mal como se piensa.
Cualquiera que quiera reproducir esta intervención en su ámbito de actuación, ya sabe a lo que atenerse (gracias por publicarlo), pero en este caso concreto, no podemos aplicar el dicho de: “el ojo del amo engorda al caballo”.

Revisiones de la Cochrane: Etidronato y Risedronato

La Cochrane Library publica revisiones sistemáticas sobre dos de los fármacos que inhiben la resorción ósea: el etidronato y el risedronato. En ambos casos, los autores evalúan la eficacia del fármaco en prevención primaria o secundaria de fracturas osteoporóticas en mujeres menopáusicas, recopilando los ensayos publicados  hasta el 2007. Como medida de eficacia calcula el riesgo relativo (RR) de sufrir una fractura, considerando que la efectividad es clínicamente perceptible si se produce una reducción relativa de riesgo (RRR) mayor del 15%.
En el caso del etidronato, los ocho estudios evaluados muestran que la RRR de padecer una fractura vertebral, se reduce globalmente un 41% (RR 0,59, IC95%: 0,36 a 0,96) frente a placebo.
·       En los seis ensayos prevención secundaria la RRR es del 47% en fracturas vertebrales (reducción absoluta de riesgo 5%). No se observan reducciones significativas en fracturas no vertebrales, de cadera o de rodilla.
·       Los dos ensayos de prevención primaria no se observan diferencias estadísticamente significativas en comparación con placebo.
·       En cuanto a efectos adversos, los autores no se observan diferencias estadísticamente significativas, aunque sugieren preocupación por el riesgo de lesiones gastrointestinales altas.
En el caso del risedronato, los siete estudios evaluados muestran, globalmente, un menor riesgo de fracturas vertebrales (RR 0.63, 0.51 a 0.77) y de no vertebrales (RR 0.80, 0.72 a 0.90) frente a placebo.
·       En prevención secundaria, se observa una RRR del 39% de padecer fractura vertebral (reducción absoluta de riesgo 5%). En fracturas no vertebrales la RRR es del 20% (reducción absoluta del 2%) y del 26% (reducción absoluta del 1%) para fracturas de cadera.
·       En prevención primaria solo se dispone de resultados en fracturas vertebrales+no vertebrales, sin diferencias frente a placebo.
·        Respecto a los efectos adversos, tampoco observan diferencias significativas, aunque a la vista de los estudios, los autores muestran desconfianza sobre el riesgo de lesión gastrointestinal alta y, en menor medida, a la osteonecrosis de mandíbula.
En octubre de 2006 ya comunicamos otra revisión sistemática de la agencia de evaluación canadiense CADTH.